Ruega por nosotros

Cuando las cosas se ponían difíciles, cuando había celebración, por costumbre y porque les daba una paz muy profunda, las mujeres de la familia rezaban el rosario todos los días.

En las tardes, después de las siestas, las mujeres recitaban melodiosamente quince misterios, moviendo delicadamente los rosarios entre sus manos. Por muchos años, Rita usó el de perlas, con él se ayudaba a llevar la cuenta para cantar una a una, ciento cincuenta avemarías. Sobando el nácar duro y blanco que con la luz de la tarde, destellaba con todos los colores del iris.

Hasta que un día el color de las perlas comenzó a cambiar. Las mujeres se hicieron de la vista gorda, pero al ver que cada vez se oscurecía más, Rita se preocupó y se lo comentó a su doctor de manera confidencial.

Su rosario se lo había hecho, al igual que muchas de sus alhajas, un joyero al que ella apreciaba mucho y que vivía en Mérida. Al día siguiente de la consulta del doctor y sin dar mucha explicación, Rita le hizo una visita inesperada a su joyero.

Y así de la mano de Dios y por las dudas, Rita regresó de Mérida con su rosario con cuentas de coral. Con las perlas, le hicieron una alhaja. Se había hecho a la idea de que usarlas en ocasiones especiales no podría hacerle daño. La verdad es que les tenía mucho cariño. Pero desde ese día, Rita sobaría una a una las cuentas de corales prometiendo, agradeciendo y esperando…. Sin pensar más en las perlas, que se quedaron siempre en el mismo cajón. El rosario de corales, pasaría de las manos de Rita a las de Amparo y más tarde sería Beatriz quien se ampararía en un sin fin de Ruega por nosotros para pedir por su salvación y la de todos su descendientes.

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Mérida-Progreso

Uno de los personajes más importantes en la historia de la industria henequera yucateca fue sin duda el ferrocarril. Los hacendados utilizaron por más de cincuenta años este medio de transporte para dar salida a su producto al mercado nacional e internacional.

Desde 1856 se fundó el puerto de Progreso para la exportación de la fibra, pero no fue hasta el 16 de septiembre de 1881 cuando se inauguró la ruta ferroviaria Mérida-Progreso.

Había solamente un viaje diario entre estos dos destinos, pero eso bastó para cambiar notablemente la vida de las personas que vivían al norte de Mérida, como la familia Novelo Puerto. El servicio de correos que antes funcionaba con carruajes tres veces por semana, empezó a ofrecer servicio diario. Y por consiguiente el valor de los terrenos y haciendas de esta parte del estado incrementaron de valor rápidamente.

Fue entonces cuando la familia Novelo Puerto empezó a transformar sus tierras a plantíos de henequén, adquirió maquinaria moderna para el desfibrado y solicitó permisos para la construcción de rieles Decauville que unieron a sus haciendas con las vías de ferrocarril.

Y se tiene constancia que el 10 de Julio de 1908, el Lic. Olegario Molina, Gobernador Constitucional del Estado de Yucatán, hace saber a sus habitantes que la H. Legislatura del mismo expidió el decreto número 198 a favor de esta familia. En dicho documento se explica que el XIX Congreso Constitucional del Estado Libre y Soberano de Yucatán, a nombre del pueblo, autorizó a la Sra. Rita Puerto de Novelo, para construir y explotar -destinado a su uso particular- un tranvía de tracción animal y del sistema Decauville que ligó la finca rústica San Juan con sus anexas San Martín de la propiedad de la concesionaria y con el pueblo de Telchac, del Partido de Motul.

Es así como las haciendas de los Novelo Puerto se unieron a la producción acelerada de las fibras de henequén que se exportaron al mundo entero. IM_A0035 2

Sagrado Corazón

El mismo día en que Amparo cumplió 12 años se enteró que se iría a estudiar a Francia como ya dos de sus hermanos lo habían hecho. Se habló de que fuera por unos meses, pero su estancia resultó ser suficientemente larga para ser contada en años.

Rita no lo pensó dos veces, para Amparo seleccionó la reconocida escuela de día de la Sociedad del Sagrado Corazón, 77 rue de Varenness, joya arquitectónica y ahora sede del Museo Rodin de París.

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La historia de este edificio es muy interesante. Se construyó entre 1727 y 1732, como propiedad vacacional para un millonario francés que murió antes de que la mansión fuera terminada. Entonces cambió de manos muchas veces hasta que en 1820, la duquesa de Charost la vendió, junto con sus dependencias a tres religiosas católicas, una de las cuales era la madre Madeleine-Louise Sophie de Barat, quien fue la fundadora de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús.

Con el paso del tiempo, ellas cambiaron la decoración original y vendieron los paneles de madera y el hierro forjado con el fin de financiar las obras de la transformación de la escuela. La piscina se llenó y se construyó ahí mismo un montículo dedicado a la virgen. Y el jardín pasó a ser más que decorativo práctico, las religiosas sembraron un jardín de cocina con huertos y pastizales para animales de granja. Se agregaron varios edificios con fines de enseñanza y adoración, como la capilla diseñada por el arquitecto Jean Juste Lisch Gustave.

En 1870 otro edificio fue construido en esta vasta propiedad, en el 31 Boluvelard des Invalides, como una prolongación de la Casa Madre para las damas que tenían institutriz o familia en París y no tenían que vivir en los dormitorios. Este fue el caso de Amparo quien llegó en barco desde Mérida, unos meses antes de 1900 y tuvo que salir cuando la escuela cerró en 1907. En ese entonces, la escuela tenía ya más de 160 estudiantes y la madre superior en cargo era Juliette de Mauri Depret, así como las monjas Juliette Franquet, Berthe Gamblon, Alix Dulong de Rosnay. La educación de Amparo giró en torno de estos lugares y estas personas. Un gran privilegio para la niña Novelo, sin duda alguna.

El ropón

Para Amparo, Rita compró el más fino y caro ropón de bautizo de una conocida tienda para gente elegante del centro de Mérida. La modista de la familia lo trajo, junto con todo el ajuar que la familia Novelo Puerto usaría para dicha celebración. Ese ropón se donó o se perdió entre muchas otras cosas como pasa cuando se tiene tanto y tanto.

Para Beatriz, Amparo pidió a su mejor amiga Adi que le hiciera un ropón especial. Y ella lo hizo usando telas que habían pertenecido al vestido de novia que años atrás habían traído de París para Amparo, de un amenisco blanco de lino y con los bordados más delicados. Amparo guardó cuidadosamente este ropón en el estante superior del ropero grande.

Para sus hijos, nietos y bisnietos, Beatriz usó el mismo ropón con el que ella y todos su hermanos fueron bautizados. Fue una de las pocas cosas que se llevó consigo cuando emigró al norte dejando atrás a su querida Mérida. Lo guardó celosamente en una caja blanca envolviéndolo en un delicado papel. Al morir, su deseo fue que todos sus descendientes lo usaran hasta que diera de sí. Esto con el afán de saber de dónde vienen y en dónde quieren estar y así, continuar la bendición que a su familia fue otorgada años atrás. Y después de más de cien años y más de cien bautizos, y aunque a simple vista el ropón pareciera ser de papel de china quebradizo, cada vez que un descendiente de Beatriz nace, la caja blanca se vuelve a abrir y sale de ella el ropón que los hace retroceder en el tiempo y así, pertenecer a una familia que supo vencer la adversidad.

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La rosada y la verde

Para el bautizo de Amparo, Marta tuvo que ayudar a preparar los platos de la rosada, como se le llamaba en la casa de los Novelo Puerto a la primera vajilla completa de porcelana Limoges que Rita había adquirido en París. Cuando le dijeron a Marta lo que tenía que hacer, pensó que sería una labor sencilla, más nunca se imaginó la pobre cuánto trabajo le llevaría.

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Rita compró la vajilla rosada de la compañía Touze del ceramista Pierre-Leon Sazerat, de Limoges, Francia. Después de ser un aprendiz por muchos años, Sazerat se hizo cargo de la fábrica Touze desde 1852. Se asoció unos años con Alpinen Margaine y más tarde con su proveedor de arcilla, Pierre Blondeau. Sazerat murió en 1906 y para ese entonces sus diseños y su marca eran ya muy reconocidos.

La vajilla rosada tenía bordes de oro y pintados a mano pequeños ramilletes de flores rosas y violetas con tonos primaverales.

Años más tarde, para la boda de Amparo fue Marta misma quien se encargó de preparar la vajilla también. Esta vez, se usaría la verde. Desde que Rita había adquirido la verde, la rosada se usaba para el diario. Se tenían más de cien platos de cada tipo, todos acomodados en pilas en la cocina.

Y la verde ahora era la que se usaba para ocasiones especiales y la que se tenía en la vitrina. Tenía el monograma de Rita y constaba de muchas más piezas para servir. Platones de todos los tamaños y para todos los usos. Para pescado, para ostiones, para postres, para salsas…

Esta fue comprada en la compañía Barny & Rigoni que operaba una fábrica llamada Meadow Benedictine también en Limoges, Francia. Tenían una tienda en París, que fue donde Rita hizo el encargo durante su último viaje a Europa. Estos platos, decorados con un estampado verde otoñal y con un elegante borde de oro, eran como el día y la noche comparados con la sencilla jícara en la que Marta acostumbraba comer. Nunca cambió sus hábitos, podría limpiar cientos de platos de los más finos, pero al final del día se echaba a comer en su jícara hecha de la cáscara del fruto del árbol con el mismo nombre.la foto

 

 

 

Polvos blancos

Rita, Amparo y Beatriz tenían el mismo aroma. Era dulce como el de las mañanas claras del Yucatán del sigo diecinueve cuando las mujeres bien de ese entonces se empolvaban todos los días, después de cada baño, con talco blanco traído de Europa. Las Novelo Puerto usaban Talborina Melograno, un talco mineral perfumado con olores a gardenia, iris, granada, rosa y vetiver.  La promesa era que estos polvos mágicos secaban y suavizaban la piel dejando a los poros respirar.

La verdad era que Amparo los usó toda su vida porque le recordaban a Rita. Y Beatriz los usó igualmente siempre porque la transportaban con Amparo. Estos polvos, tan suaves al tacto, súbitamente les traían a la memoria escenas y emociones del pasado.

Marta, por su parte, desde los primeros días que entró a trabajar a la casa grande de la familia, aprendió que el talco era un artículo femenino de gran importancia. Lo tenían muy bien guardado en una talquera redonda muy fina de Slide1plata, asentada siempre en el tocador de las damas. Nunca lo había visto antes y le daba una curiosidad enorme sentirlo y olerlo, pero por muchos años pensó que era para el uso exclusivo de personas con el mismo color de piel. Más sin embargo, con el tiempo lo llegó a usar algunas veces. Una vez de niña cuando soñó a ser Amparo y otra de joven, cuando lo usó como arma secreta para conquistar a un galán.

La relación entre los aromas, la memoria y las emociones es muy estrecha. Para todos los que conocimos a una de estas mujeres, el aroma de ellas está fijado en nuestra memoria y los olores a estos polvos blancos nos ayudan a evocar sus dulces recuerdos.

 

El viejo

 

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Siempre estuvo en la entrada de la casa principal, recibiendo a todos los miembros de la familia. De Motul se lo llevaron a Mérida y de ahí emigró a Monterrey. Moreno, serio, de cara dura y romana, con diseño sencillo, pero elegante. Sin duda, siempre fue muy apreciado y envidiado.

Lo trajeron de la compañía Ansonia de Nueva York a principios del siglo veinte. En su momento, era uno de los modelos de mayor precisión que existían, gracias a su maravilloso péndulo que oscilaba armoniosamente dentro de su cuerpo esbelto.

Medía no más de dos metros de altura y un poco menos de cuarenta centímetros de ancho. Con gran orgullo, tocaba una campanada en cada cuarto de hora y religiosamente las  correspondientes a cada hora del día.

Marcó muchas de las alegrías familiares: la hora de los nacimientos, la hora de las bodas, la hora de las victorias. Pero igualmente marcó los sufrimientos y las horas al parecer interminables de las pérdidas, humanas y materiales también.

Y después, de ser el testigo más puntual y fiel, el viejo despidió poco a poco a cada uno de los miembros de la familia, con un dolor tan profundo, que nada ni el tiempo lo pudo borrar.