Amparo

Amparo

Amparo América Novelo Puerto (1888-1944)

Amada, siempre fuiste muy amada. La vida te dio la oportunidad de ver a tus padres mimarte, a tus hermanos considerarte, a tu esposo idolatrarte, a tus hijos adorarte, a tus nietos quererte y a tus empleados venerarte.

Sin embargo, la vida también te dio sufrimiento. Ante tus ojos, el mundo de abundancia se desmoronó y no pudiste hacer nada. No sabías hacer nada.

Te enseñaron los mejores modales para saber comportarte en los niveles más altos, a bordar con los hilos más finos para con complicadas puntadas crear obras textiles inigualables, a tocar en el piano hermosas melodías clásicas para el disfrute familiar, a pronunciar sin imperfecciones las lenguas consideradas distinguidas y claro, a regir tu vida de la mano inseparable de la fé católica romana. Ninguna de estas enseñanzas fueron sencillas, más sin embargo, no se te preparó para lo que la vida te tenía esperando a la vuelta de la esquina. No fue tu culpa, nadie se lo hubiera podido imaginar.

Rita

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Rita Puerto Cuevas (1849-1913)

Si una palabra tuviera que seleccionar para describirte, no lo pensaría dos veces. Usaría la palabra Luchadora.

Sé que a mi abuela le gustaría que usara la palabra Vencedora, pero conociendo la historia como la conozco, no estoy al cien por ciento de acuerdo. Los lectores ya tendrán la libertad de opinar lo que les plazca, por lo pronto les adelanto que los descendientes de esta mujer le debemos el que hayamos sido educados como gente de trabajo. El que no se nos haya dado nunca la oportunidad de darnos por vencidos, de quebrarnos en los momentos más difíciles y complicados. Hombres y mujeres por igual, todos hemos salido adelante.

Y a ella se le tiene que dar el Mérito.

Marta

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Marta May (1880-1967)

Pareciera que ella fue únicamente una espectadora de la historia que tengo que contar, que ella no hubiera tenido mucha importancia, que no hubiera sido el personaje central de la historia, la tejedora madre. Pareciera.

No era ella la de los vestidos de telas importadas, la que se fue a estudiar a Paris, la que ciega sacó el negocio familiar adelante, no se robó nada, nunca tuvo mucho, nunca quiso más, en toda su vida no tuvo un papel legal, no festejó un cumpleaños, nunca escribió una línea, nunca formó una familia, nunca, nunca… Pareciera.

Sin embargo, ella lo fue Todo. Desde que entró esa mañana de abril a la casa de la familia Novelo Puerto, fue ella quien con el mismo ritmo que meció la hamaca de la niña Amparo, arrulló a todos los personajes de mi historia con un movimiento suave, siguiendo el latido de su Corazón.