El viejo

 

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Siempre estuvo en la entrada de la casa principal, recibiendo a todos los miembros de la familia. De Motul se lo llevaron a Mérida y de ahí emigró a Monterrey. Moreno, serio, de cara dura y romana, con diseño sencillo, pero elegante. Sin duda, siempre fue muy apreciado y envidiado.

Lo trajeron de la compañía Ansonia de Nueva York a principios del siglo veinte. En su momento, era uno de los modelos de mayor precisión que existían, gracias a su maravilloso péndulo que oscilaba armoniosamente dentro de su cuerpo esbelto.

Medía no más de dos metros de altura y un poco menos de cuarenta centímetros de ancho. Con gran orgullo, tocaba una campanada en cada cuarto de hora y religiosamente las  correspondientes a cada hora del día.

Marcó muchas de las alegrías familiares: la hora de los nacimientos, la hora de las bodas, la hora de las victorias. Pero igualmente marcó los sufrimientos y las horas al parecer interminables de las pérdidas, humanas y materiales también.

Y después, de ser el testigo más puntual y fiel, el viejo despidió poco a poco a cada uno de los miembros de la familia, con un dolor tan profundo, que nada ni el tiempo lo pudo borrar.

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5 pensamientos en “El viejo

  1. Ali, escuchar esos sonidos del viejo reloj me traen a la memoria muy gratos recuerdos de mi infancia en compañía de Gueli, mis tíos y primos y hasta del negrito que siempre andaba por ahí echado en el recibidor, justo abajo del reloj.
    Por qué digo escuchar?…porque desde enero de lunes a viernes oigo y veo a ese viejo en Monterrey…y no es por presumir…
    Ya pronto te mandamos a tu madre…pero nos la regresas..
    Un abrazo para la familia.

    • Ay, sí, qué rico es escuchar al viejo. Taaan. Taaan. Cierro los ojos y puedo escucharlo claramente. Sus campanadas son lindas y nos traen tantos recuerdos a todos los que hemos vivido cerca de él. Es raro cómo uno dejaba de escucharlo y cuando visitantes llegaban a la casa preguntaban qué era lo que hacía ese ruido. Para uno era tan parte de la vida diaria, que ya no lo escuchábamos. El pobre viejo, siempre ahí para todos.
      Qué rico que lo estás disfrutando ahora primo. Mi mamá está feliz contigo en la casa y el viejo seguro que también.

  2. Gueli me permitia “Darle cuerda” ese fue mi orgullo de nina y el taaan taaan taaan taaan uno de los recuerdos auditivos mas felices de mi vida. Donde quiera que este, cuando escucho el tanido de un reloj dando la hora, me lleva automaticamente a unas mecedoras y a unas conversaciones interminables de suenos y verdades de risas y esperanzas. Ali, gracias por poner el Viejo en hora. Lulu.

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