El ropón

Para Amparo, Rita compró el más fino y caro ropón de bautizo de una conocida tienda para gente elegante del centro de Mérida. La modista de la familia lo trajo, junto con todo el ajuar que la familia Novelo Puerto usaría para dicha celebración. Ese ropón se donó o se perdió entre muchas otras cosas como pasa cuando se tiene tanto y tanto.

Para Beatriz, Amparo pidió a su mejor amiga Adi que le hiciera un ropón especial. Y ella lo hizo usando telas que habían pertenecido al vestido de novia que años atrás habían traído de París para Amparo, de un amenisco blanco de lino y con los bordados más delicados. Amparo guardó cuidadosamente este ropón en el estante superior del ropero grande.

Para sus hijos, nietos y bisnietos, Beatriz usó el mismo ropón con el que ella y todos su hermanos fueron bautizados. Fue una de las pocas cosas que se llevó consigo cuando emigró al norte dejando atrás a su querida Mérida. Lo guardó celosamente en una caja blanca envolviéndolo en un delicado papel. Al morir, su deseo fue que todos sus descendientes lo usaran hasta que diera de sí. Esto con el afán de saber de dónde vienen y en dónde quieren estar y así, continuar la bendición que a su familia fue otorgada años atrás. Y después de más de cien años y más de cien bautizos, y aunque a simple vista el ropón pareciera ser de papel de china quebradizo, cada vez que un descendiente de Beatriz nace, la caja blanca se vuelve a abrir y sale de ella el ropón que los hace retroceder en el tiempo y así, pertenecer a una familia que supo vencer la adversidad.

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La rosada y la verde

Para el bautizo de Amparo, Marta tuvo que ayudar a preparar los platos de la rosada, como se le llamaba en la casa de los Novelo Puerto a la primera vajilla completa de porcelana Limoges que Rita había adquirido en París. Cuando le dijeron a Marta lo que tenía que hacer, pensó que sería una labor sencilla, más nunca se imaginó la pobre cuánto trabajo le llevaría.

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Rita compró la vajilla rosada de la compañía Touze del ceramista Pierre-Leon Sazerat, de Limoges, Francia. Después de ser un aprendiz por muchos años, Sazerat se hizo cargo de la fábrica Touze desde 1852. Se asoció unos años con Alpinen Margaine y más tarde con su proveedor de arcilla, Pierre Blondeau. Sazerat murió en 1906 y para ese entonces sus diseños y su marca eran ya muy reconocidos.

La vajilla rosada tenía bordes de oro y pintados a mano pequeños ramilletes de flores rosas y violetas con tonos primaverales.

Años más tarde, para la boda de Amparo fue Marta misma quien se encargó de preparar la vajilla también. Esta vez, se usaría la verde. Desde que Rita había adquirido la verde, la rosada se usaba para el diario. Se tenían más de cien platos de cada tipo, todos acomodados en pilas en la cocina.

Y la verde ahora era la que se usaba para ocasiones especiales y la que se tenía en la vitrina. Tenía el monograma de Rita y constaba de muchas más piezas para servir. Platones de todos los tamaños y para todos los usos. Para pescado, para ostiones, para postres, para salsas…

Esta fue comprada en la compañía Barny & Rigoni que operaba una fábrica llamada Meadow Benedictine también en Limoges, Francia. Tenían una tienda en París, que fue donde Rita hizo el encargo durante su último viaje a Europa. Estos platos, decorados con un estampado verde otoñal y con un elegante borde de oro, eran como el día y la noche comparados con la sencilla jícara en la que Marta acostumbraba comer. Nunca cambió sus hábitos, podría limpiar cientos de platos de los más finos, pero al final del día se echaba a comer en su jícara hecha de la cáscara del fruto del árbol con el mismo nombre.la foto

 

 

 

Polvos blancos

Rita, Amparo y Beatriz tenían el mismo aroma. Era dulce como el de las mañanas claras del Yucatán del sigo diecinueve cuando las mujeres bien de ese entonces se empolvaban todos los días, después de cada baño, con talco blanco traído de Europa. Las Novelo Puerto usaban Talborina Melograno, un talco mineral perfumado con olores a gardenia, iris, granada, rosa y vetiver.  La promesa era que estos polvos mágicos secaban y suavizaban la piel dejando a los poros respirar.

La verdad era que Amparo los usó toda su vida porque le recordaban a Rita. Y Beatriz los usó igualmente siempre porque la transportaban con Amparo. Estos polvos, tan suaves al tacto, súbitamente les traían a la memoria escenas y emociones del pasado.

Marta, por su parte, desde los primeros días que entró a trabajar a la casa grande de la familia, aprendió que el talco era un artículo femenino de gran importancia. Lo tenían muy bien guardado en una talquera redonda muy fina de Slide1plata, asentada siempre en el tocador de las damas. Nunca lo había visto antes y le daba una curiosidad enorme sentirlo y olerlo, pero por muchos años pensó que era para el uso exclusivo de personas con el mismo color de piel. Más sin embargo, con el tiempo lo llegó a usar algunas veces. Una vez de niña cuando soñó a ser Amparo y otra de joven, cuando lo usó como arma secreta para conquistar a un galán.

La relación entre los aromas, la memoria y las emociones es muy estrecha. Para todos los que conocimos a una de estas mujeres, el aroma de ellas está fijado en nuestra memoria y los olores a estos polvos blancos nos ayudan a evocar sus dulces recuerdos.