Mérida-Progreso

Uno de los personajes más importantes en la historia de la industria henequera yucateca fue sin duda el ferrocarril. Los hacendados utilizaron por más de cincuenta años este medio de transporte para dar salida a su producto al mercado nacional e internacional.

Desde 1856 se fundó el puerto de Progreso para la exportación de la fibra, pero no fue hasta el 16 de septiembre de 1881 cuando se inauguró la ruta ferroviaria Mérida-Progreso.

Había solamente un viaje diario entre estos dos destinos, pero eso bastó para cambiar notablemente la vida de las personas que vivían al norte de Mérida, como la familia Novelo Puerto. El servicio de correos que antes funcionaba con carruajes tres veces por semana, empezó a ofrecer servicio diario. Y por consiguiente el valor de los terrenos y haciendas de esta parte del estado incrementaron de valor rápidamente.

Fue entonces cuando la familia Novelo Puerto empezó a transformar sus tierras a plantíos de henequén, adquirió maquinaria moderna para el desfibrado y solicitó permisos para la construcción de rieles Decauville que unieron a sus haciendas con las vías de ferrocarril.

Y se tiene constancia que el 10 de Julio de 1908, el Lic. Olegario Molina, Gobernador Constitucional del Estado de Yucatán, hace saber a sus habitantes que la H. Legislatura del mismo expidió el decreto número 198 a favor de esta familia. En dicho documento se explica que el XIX Congreso Constitucional del Estado Libre y Soberano de Yucatán, a nombre del pueblo, autorizó a la Sra. Rita Puerto de Novelo, para construir y explotar -destinado a su uso particular- un tranvía de tracción animal y del sistema Decauville que ligó la finca rústica San Juan con sus anexas San Martín de la propiedad de la concesionaria y con el pueblo de Telchac, del Partido de Motul.

Es así como las haciendas de los Novelo Puerto se unieron a la producción acelerada de las fibras de henequén que se exportaron al mundo entero. IM_A0035 2

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Sagrado Corazón

El mismo día en que Amparo cumplió 12 años se enteró que se iría a estudiar a Francia como ya dos de sus hermanos lo habían hecho. Se habló de que fuera por unos meses, pero su estancia resultó ser suficientemente larga para ser contada en años.

Rita no lo pensó dos veces, para Amparo seleccionó la reconocida escuela de día de la Sociedad del Sagrado Corazón, 77 rue de Varenness, joya arquitectónica y ahora sede del Museo Rodin de París.

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La historia de este edificio es muy interesante. Se construyó entre 1727 y 1732, como propiedad vacacional para un millonario francés que murió antes de que la mansión fuera terminada. Entonces cambió de manos muchas veces hasta que en 1820, la duquesa de Charost la vendió, junto con sus dependencias a tres religiosas católicas, una de las cuales era la madre Madeleine-Louise Sophie de Barat, quien fue la fundadora de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús.

Con el paso del tiempo, ellas cambiaron la decoración original y vendieron los paneles de madera y el hierro forjado con el fin de financiar las obras de la transformación de la escuela. La piscina se llenó y se construyó ahí mismo un montículo dedicado a la virgen. Y el jardín pasó a ser más que decorativo práctico, las religiosas sembraron un jardín de cocina con huertos y pastizales para animales de granja. Se agregaron varios edificios con fines de enseñanza y adoración, como la capilla diseñada por el arquitecto Jean Juste Lisch Gustave.

En 1870 otro edificio fue construido en esta vasta propiedad, en el 31 Boluvelard des Invalides, como una prolongación de la Casa Madre para las damas que tenían institutriz o familia en París y no tenían que vivir en los dormitorios. Este fue el caso de Amparo quien llegó en barco desde Mérida, unos meses antes de 1900 y tuvo que salir cuando la escuela cerró en 1907. En ese entonces, la escuela tenía ya más de 160 estudiantes y la madre superior en cargo era Juliette de Mauri Depret, así como las monjas Juliette Franquet, Berthe Gamblon, Alix Dulong de Rosnay. La educación de Amparo giró en torno de estos lugares y estas personas. Un gran privilegio para la niña Novelo, sin duda alguna.