San Juan, San Martín, San Joaquín y Santa Marta

Unos años después de adquirir San Nicolás, Crescencio y Rita se animaron por la segunda, se llamaba San Juan. Y un tiempo después, sus anexas, las haciendas henequeras San Martín y San Joaquín.

La última que se agregó a los bienes rústicos de la familia fue Santa Marta, una finca de campo situada a diez kilómetros al norte del pueblo de Telchac, partido de Motul. Se la compraron a un tal Pedro Pérez Miranda el dos de marzo de 1900.

Y así estaban cuando se estrenó el siglo veinte. Con cientos de trabajadores que dependían de ellos, una importante producción de henequén, muchísimas cabezas de ganado vacuno, yeguas, burros, capones, mulas… Tantas familias, tantos animales y tantas, pero tantas cosas.

Se pasaban los días administrando sus propiedades, dando gracias a Dios por todas las bendiciones y planeando su próxima movida. Compartían el amor exquisito que tenían por el trabajo y disfrutaban juntos cada triunfo, por más pequeño que fuese.

Pero los días no tienen tantas horas como ellos hubieran querido y desgraciadamente hubieron otras cosas que tuvieron que desatender. No es posible tenerlo todo en la vida. Si pudiéramos ver por el ojo de la cerradura del que fue su hogar, pudiéramos descubrir que esto ambos lo aprendieron de la manera más dura. Los santitos que se adjudicaron les costaron más de lo que ellos se hubieran podido imaginar.Merida 118

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San Nicolás

San Nicolás fue la hacienda más querida por la familia Novelo Puerto. Fue la que más les dio: experiencia, poder y fortuna, sin duda. Pero lo más importante fue que la hicieron su segundo hogar.

Crescencio y Rita dieron sus primeros pasitos como henequeros el veinte y cuatro de diciembre de 1885 en la oficina del notario José Dolores Cámara en la ciudad de Motul. En este día y en este lugar fue cuando se adjudicaron las escrituras de las fincas San Nicolás y su anexa Pakbiholchén.

En esta propiedad llegaron a tener más de ciento veinte cabezas de ganado vacuno, seis caballos de silla, cincuenta mulas de trabajo y un colmenar con cien corchos poblados. Para la producción del agave, contaban con un tren de raspa de henequén compuesto de una casa de madera y zinc con una caldera semi fija sistema Marshal, una desfibradora marca Vencedora y una bomba Wortington, con su caldera de dos caballos. También, una presa de catorce arrobas y tres veletas Aeromotor. Además, un plantel Pichic de siete mil mecates de henequén de corte y un plantel Kuichén de tres mil mecates de henequén en cultivo.

Pero para Crescencio y Rita lo más valioso de todo en esta hacienda eran las sesenta y tres familias que vivían ahí y que de alguna manera llegaron a formar parte de su propia familia: los Pool, los Pech, los Batún, los May, los Can, los Ceh, entre otros muchos. La mayoría tenían sus casas en las tres calles largas que estaban a un lado de la hacienda.

La casa principal era muy linda, sus paredes estaba decoradas con flores amarillas y tenía una plaza muy grande con un árbol enorme en el medio. Los trabajadores de mayor categoría vivían alrededor de la plaza como el mayocol, quien era el encargado del campo; el mayoral, quien era la autoridad; y el maestro de la escuela. También estaban ahí, las casas para los invitados. San Nicolás contaba con una iglesia, una escuela y la casa de máquinas, donde se raspaban y se hacían las pencas de henequén.

La familia Novelo Puerto trabajó arduamente por muchos años y pasaron tanto tiempo en este lugar que se convirtió en su segundo hogar. Ahí sus hijos aprendieron a montar, ahí celebraron innumerables fiestas, ahí nació su querida Marta, ahí pasaron muchas temporadas felices en familia y ahí también, enterraron a sus difuntos. En San Nicolás, la familia Novelo Puerto dejó una gran parte de su legado.

San nicolas

El almacén de Crescencio

CrescencioCrescencio estaba tan orgulloso de su apellido, que no lo pensó dos veces el día en que se le preguntó cómo le pondría al nuevo establecimiento del que todo Motul estaba hablando. “Se llamará Abarrotes Novelo.” contestó sin pestañear. Aunque no sabía mucho de sus antepasados de sangre, Crescencio conocía muy bien la historia de los Novelo y había sido criado como uno de ellos.

A Motul llegó en busca de fortuna y el primer nivel de su escalinata laboral, fue su querido almacén. Abría en cuanto los primeros rayos de sol salían, unos minutos antes de las cinco de la mañana. Para las tres de la tarde ya empezaba a llenar los quinqués del petróleo de la compañía Luz Diamante de Longman y Martinez, que importaba de Nueva York. Y hasta las diez de la noche se iba a su casa a descansar. Trabajaba muchas horas, solamente los domingos no abría, pero sabía que este era el único camino que había para lograr sus sueños.

Fueron muy variados los productos que exhibió en sus mostradores, vitrinas y casilleros. Desde una aguja para cocer hasta grandes herramientas para el campo. Pero lo que más vendía eran víveres, nacionales y extranjeros.

Arroz de Campeche, cacao de Tabasco, café y frijol de Veracruz, bacalao de Noruega, quesos de Holanda, cerveza de Alemania, botellas de vino de mesa de Borgoña, frutas secas y jamones de España. Pasaba los días observando estos productos y creando relaciones de negocios con los distribuidores de los mismos.

Le gustaba su almacén, pero tenía grandes aspiraciones y usando la primera oportunidad que se le dio, cruzó el océano Atlántico en mayo de 1882 y desembarcó por primera vez en tierras europeas. Su destino fue Hamburgo, Alemania. Llegó, lleno de ilusiones y listo para fabricar el próximo nivel de su escalinata laboral. Muchos fueron los viajes que dio y gracias a su gran empeño, pocas fueron las caídas. Y así, como un día alguien pronosticó, llevó muy en alto y muy lejos el apellido que se le dio, Novelo.

Cenote Sambulá

Cada vez que Marta no obtenía lo que ella quería, amenazaba con irse a tirar al Ts’ono’ot o Cenote de Sambulá. Posiblemente esta idea la obtuvo de los rituales con sacrificios humanos que según se cree los mayas hacían en los cenotes. Como el Sambulá, hay miles en Yucatán.

Las aguas interiores que bajo la tierra recorren este estado, afloran a la superficie en forma de cenotes. A falta de ríos o lagos, grandes asentamientos de la cultura maya se formaron en torno a los cenotes. Así las ciudades se fueron construyendo alrededor de ellos y es por eso que la mayoría de los poblados actuales tienen un cenote, que se ha convertido con el paso del tiempo, en un sello distintivo de cada región. El Sambulá es el cenote de Motul.

Por lo que es también el cenote de mi historia. El cenote de Marta, de Rita, de Amparo y de Beatriz. Las primeras entraron alumbrándose con la luz de quinqués, ya que este en particular es un cenote cerrado que tiene muy pocas aberturas por donde se filtran los rayos del sol.

Y aunque Marta nunca cumplió su amenaza de tirarse al Sambulá, sí vivió la experiencia, al igual que las otras mujeres de mi historia, de sentir la inmensa tranquilidad que da el admirar las hermosas aguas de color turquesa, cristalinas y templadas que se encuentran en su interior. Todas bajaron a esta cueva subterránea y en ella encontraron un refugio de paz. Principalmente en los momentos en que el ritmo de sus vidas cambió, por una u otra razón. El Sambulá siempre estuvo ahí, abierto para recibirlas.Sambulá

 

 

Motul

Slide1Era el año 1875 cuando los Novelo Puerto formaron su familia en Motul, Yucatán. Esta linda villa del sur de México, que entonces contaba con una población menor a los tres mil habitantes, hacía solamente tres años que había alcanzado la categoría de ciudad.

La familia Novelo Puerto vivía en una de las esquinas más importantes de Motul. Justo en frente de la plaza principal, a un lado del convento y de la parroquia de San Juan Bautista. Ahí fue donde Rita le pidió a Crescencio construir su casa, donde nacieron sus hijos y donde la familia pasó a ser una pieza importante para el desarrollo de la zona. No había muchas otras casas del tamaño y la elegancia de la de ellos. Unas seis más, tal vez, de otras familias que de una manera u otra se involucraron con la exportación de productos nacionales como el cacao y más tarde con la producción del henequén.

Y fue en esa época también cuando en Motul surgieron un sin fin de nuevos comercios especializados que vendían libros, cristalería, sombreros, joyas, herramientas de todo tipo, lozas, pan, verduras, helados, jabones y velas. Y los de abarrotes, como el de Crescencio, donde se vendía de todo y nada.

Se puede decir que crecieron juntos, a finales del siglo diecinueve, tanto los Novelo Puerto como Motul vivieron una de sus épocas más importantes de su historia.

Oro verde

La familia de Marta le llamaba ki y por años hicieron con él principalmente xanab, yamal y chim: sandalias, cuerdas y bolsas que utilizaban para cargar los productos de las huertas. Los ancianos de los alrededores contaban leyendas de diferentes príncipes y sacerdotes mayas quienes habían descubierto las características especiales de esta fibra, tales como su Dureza y su Resistencia por lo que lo usaban para sostener grandes cargas de peso. Había una relación íntima entre el agave que lo producía y los mayas de esta época, ya que por muchos años este constituyó su principal fuente de economía, artesanía y hasta literatura. Cuando el gran auge decayó, las familias como la de Marta se readaptaron a sus costumbres ancestrales.

La familia de Amparo le llamaba henequén y a principios del siglo XIX fue con la venta de este producto como ellos lograron amasar una gran fortuna. Aunque su participación fue pequeña dentro del gran auge del cultivo de este agave, sus vidas dieron un giro radical. El estado de Yucatán llegó a producir el 90% de las sogas y bolsas usadas en el mundo entero, es por esto que se le llamó el Oro Verde. Nunca había habido un producto que diera tanta riqueza al estado, pero nada es eterno. Cuando la actividad del henequén decayó, familias como la de Amparo se sintieron perdidas por muchos años pero finalmente siguieron con sus vidas y de una o de otra manera se tuvieron que re-inventar.DSC_0463

Beatriz

Rita Beatriz Bibiana Duarte Novelo (1911-1993)

Si a Amparo la vida la sorprendió sin estar preparada, podemos decir que el golpe que Beatriz recibió fue diez veces más fuerte. Sin embargo, no es por esto que su vida es trascendente. Lo más increíble es el hecho de que ella nunca se quejara. Beatriz tenía una Entereza nunca jamás vista en una persona.

Con los acontecimientos de su vida, ella hubiera podido protagonizar muchas novelas de desamor y cosas mucho peores, pero en su lugar decidió crear una de amor infinito y de felicidad plena para el goce y la salvación de toda su familia.

Esta historia solo contará su vida hasta el año de 1967, que fue la última vez que ella vio a su fiel y amada Marta. En ese encuentro, las dos cierran un capítulo muy importante de su existir. En ese encuentro, las dos se abrazan y se dan el último adiós.

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